La revelación de Carlos sobre la omnipresencia de CIRSA, y por ende de Yago, había cambiado radicalmente la atmósfera de la tarde de compras en el Palacio de Cristal. La inicial incomodidad de Nant se transformó en una extraña mezcla de asombro y una creciente confianza. Las vendedoras, ahora con una sonrisa forzada pero permanente, se desvivían por atenderlas, y los gerentes continuaban supervisando el despliegue de atenciones.
Nant, su madre y su hermana, rodeadas de un séquito de personal se