—Ella... va a estar ocupada un tiempo. Tal vez viaje. Pero yo permitiré que venga a visitarte aquí, si ella puede. Pero tú no volverás a su departamento. Tú te quedas conmigo.
Edward bajó la mirada hacia sus bloques. Había tristeza en su gesto; después de todo, era la figura materna que había conocido. Pero al mismo tiempo, una sensación de alivio pareció asentarse en sus hombros pequeños. En casa de su madre había gritos y desorden; aquí había calma y a Miranda.
—Está bien, papá —susurró fin