Durante la madrugada, aprovechando que Miranda parecía profundamente dormida, Alec no pudo contener la curiosidad que le carcomía. Se deslizó con sigilo fuera de las sábanas y se acercó al lado de la cama de su esposa. Con movimientos calculados para no hacer ruido, abrió el cajón de la mesita de noche, esperando encontrar aquello que ella había guardado con tanto recelo.
Su mano tanteó en la oscuridad, esperando tocar algo extraño, una caja, un documento... pero sus dedos solo encontraron el