Cuando Elizabeth terminó la llamada telefónica, colgó con una lentitud deliberada, saboreando el momento. Hizo una seña discreta a un hombre de traje oscuro y rostro inexpresivo que esperaba en la penumbra del salón. El sujeto se acercó a ella con una actitud de total obediencia y se inclinó ligeramente en un saludo cordial.
—Señora Radcliffe, ha sido un placer trabajar para usted —expresó con voz grave y sincera, extendiéndole una carpeta delgada.
Elizabeth tomó el informe y sonrió maliciosa