Beatrice apenas podía mantenerse en pie. Se tambaleaba por la sala de su departamento, aferrando una botella de licor casi vacía como si fuera su único salvavidas. El alcohol ya corría a raudales por su sistema, nublando su juicio y sus movimientos.
Se hizo a un lado, casi tropezando, para dejar pasar a Elizabeth. La matriarca de los Radcliffe ingresó al lugar con paso seguro, pero se detuvo apenas cruzó el umbral. Arrugó la nariz con disgusto evidente, escaneando el desorden: ropa tirada, cop