Alec ya se había marchado al trabajo. Con la magnitud del proyecto hotelero sobre sus hombros, tenía que llegar lo más temprano posible a la oficina para trabajar sin descanso.
Por su parte, Miranda se encontraba en la casa, disfrutando de una tranquilidad que no sentía hacía días. Era un alivio absoluto no estar bajo el mismo techo que esa "bruja". Sin embargo, su paz se vio interrumpida cuando, al caminar por el pasillo, se dio cuenta de que Edward estaba allí parado. El niño tenía la mirada