La adrenalina todavía corría por las venas de Miranda mientras salía de la habitación. Sabía que debía ser cautelosa, pero el shock del descubrimiento la había vuelto imprudente. Su intento de pasar desapercibida, sin embargo, fracasó estrepitosamente.
Justo en el pasillo, se topó con Rowena.
—Señora —saludó Rowena, con una leve reverencia, pero con una mirada de sorpresa no disimulada—. No sabía que estaba aquí. Iba a empezar la limpieza en esta ala.
Miranda se puso instantáneamente nerviosa.