Cuando amaneció, Miranda se quedó sentada sobre la cama. Había descansado plenamente, pero el recuerdo de lo ocurrido la noche anterior seguía fresco. El abrazo inesperado de su marido todavía lo sentía impregnado en su piel, un recuerdo tan extraño y sin un significado claro que la hacía divagar. No tenía idea de por qué Alec le había abrazado.
Bostezó y flexionó sus extremidades. Por más que lo intentaba, no encontraba un significado a aquel impulso. Luego, vinieron a su mente las palabras to