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El abrazo, tan repentino y genuino, pronto comenzó a sentirse extraño, casi ardiente, para Miranda.

Se separó del cuerpo de Alec y se alejó lo más rápido posible.

Él se quedó paralizado, reflexionando sobre lo que acababa de hacer. Fue un acto impulsivo, sí, pero no podía negar lo genuino. Lo había hecho al verla sufrir de ese modo, y también porque, casi una hora antes, una verdad impactante había sido revelada. Aquello que había estado oculto en lo más profundo de su mente había regresado d
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