Miranda y Edward estaban en el comedor. Ella se encargó personalmente de untar la tostada con la deliciosa mermelada.
—¿Te va a gustar, Edward? —preguntó ella.
El niño asintió emocionado, tomó la tostada, le dio un mordisco y luego levantó el dedo pulgar a modo de aprobación.
—¡Está deliciosa, Miranda! Me encanta la tostada con mermelada.
—Me agrada que te guste mucho. A mí también me encanta —respondió Miranda con una sonrisa—. Sin embargo, también deberías probar la crema de maní. Apuesto a