Miranda salió del Café Buck con la furia aún palpitando, pero completamente superada por la amenaza de Elizabeth. Regresó a la joyería, pero su ánimo estaba por los suelos. No podía seguir trabajando con esa bomba latente en su cabeza: la exigencia de fingir ser la madre de Edward. La idea era grotesca y humillante, pero se sentía atada a obedecer para proteger a su familia.
Vera fue la primera en verla y, al observar su expresión pálida y desencajada, supo que las cosas habían empeorado con su