La expresión de Miranda lo decía todo. Vera, al verla, se dio cuenta de que su amiga se notaba enojada y sombría, como si estuviera tratando de controlar y negar algo evidente, pero no estaba decidida a contarlo. Vera respetó su silencio inicial.
—¿Te pasa algo? —averiguó observando la nebulosa inquietud en sus ojos verdes.
—No.
—Sí, te está pasando algo, pero no me lo digas si no quieres. — aseguró.
Ella tomó aire profundamente y luego dio un sorbo a su bebida.
—Bueno, debo admitir que me