Miranda estaba en el comedor, esperando el regreso de su marido. La idea de ir a unas vacaciones forzadas con él, después de que le prohibiera ir con Vera, la llenaba de rabia. Sabía que si se negaba, Alec simplemente usaría su autoridad, recordándole que él decidía y que irían de todos modos. La frustración la consumía.
Estuvo en el almuerzo con la mirada fija en el plato frente a ella, pero su mente estaba completamente ausente.
Una de las sirvientas se le acercó.
—¿En qué puedo ayudarla, se