26

Alec se quedó en el salón, quieto. El silencio que siguió a la explosión de Miranda decía más que cualquier cosa; decía control, frustración y la clara advertencia de que él no había ganado, sino que simplemente la había pospuesto. Miranda, con los puños aún apretados de furia, pasó de largo a su marido, se dirigió a la habitación y cerró la puerta con un fuerte portazo. Una vez dentro, se obligó a regular su respiración. Estaba demasiado alterada.

Supuso que debía llamar a Vera e informarle qu
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keremporque siempre pintan cómo idiotas a las protagonistas, sólo dan ideas equivocadas de cómo debe actuar una mujer ...
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