A la mañana siguiente, Miranda y Alec desayunaban solos; el pequeño Edward aún no se había levantado. Miranda no pudo evitar soltar la pregunta que la carcomía.
—Quisiera saber si por casualidad le has dicho a mi madre sobre lo que me ha pasado estos días.
Alec dejó de comer y observó a Miranda, quien parecía ansiosa por saber si le había revelado a Catherine su intento de suicidio.
—¿Se supone que debería decirle para que se preocupe? —replicó él, con un tono sardónico—. Por supuesto que no le