Durante los dos días que llevaba internada, Alec ni siquiera se molestó en llamarla. Miranda había esperado ese gesto, pero la verdad era que ya sabía que no lo haría. Su único medio de comunicación era el teléfono móvil que su marido se había encargado de enviarle con un asistente.
Con el aparato en la palma de su mano, ella dudó. Se puso pensativa. ¿Era justo llamar a Vera y llenarla de sus problemas, convertir su situación en una carga para su amiga? No quería ser un obstáculo en la vida de