La mañana siguiente, Vera estaba en su apartamento, tarareando una melodía mientras tomaba su primer café del día. Sabía que había sido imprudente darle su número a un extraño y besarse con él en la primera cita, pero el recuerdo de Zamir era demasiado dulce para arrepentirse. Justo cuando estaba revisando su agenda para el día, su teléfono sonó. Era él.
—¡Hola! —contestó Vera, sintiendo cómo la adrenalina corría por sus venas.
—Buenos días, hermosa—saludó Zamir desde el otro lado, con su vo