Catherine estaba totalmente sorprendida de ver a Miranda en el umbral. Rápidamente se compuso, intentando pasar de la sorpresa a la afectación dramática.
—¡Miranda! ¡No puedo creer que seas tú! ¡Pasa, pasa! ¿Qué haces aquí? ¿Por qué no avisaste? —empezó, intentando tomarla del brazo.
Miranda fue reacia a su toque y no cedió terreno. Entró en la sala, pero mantuvo una distancia prudencial.
—Solo he venido para que veas que estoy bien, Mamá —dijo Miranda, con voz firme, sin rodeos—. Y par