Zamir estaba también en el suelo, arrodillado junto a Alec, dándole ánimo en medio de toda esa situación tan extraña. La impecable oficina se había convertido en un santuario improvisado para el dolor.
—Debe ser un golpe tan fuerte para ti que no me imagino cómo debes sentirte —señaló Zamir, con la voz grave—. La verdad, yo también estaría completamente destrozado. Esto es simplemente una locura. Cuando vi la noticia, creí que todo era un invento más para desprestigiarte y afectar tu imagen, pe