—¡Mírame a mí! —gritó Harrison, mostrando la pantalla de su teléfono como si fuera una reliquia sagrada. Su voz era arrogante y su postura segura. —Conozco al señor Cooper en persona. Lo voy a llamar ahora mismo.
Sonrió, esperando las exclamaciones de asombro y la admiración. Pero nada de eso llegó.
En cambio, Drax se apretó los nudillos y avanzó con la calmada amenaza de un depredador. —Bastardo —rugió—. ¿Cómo te atreves a insultar a mi jefe en mi presencia? ¿Acaso quieres morir?
Sus ojos es