Jaden se dio la vuelta hacia Peter, dejando que el silencio pesara en el aire frío. Su mirada penetrante cayó sobre él, no con rabia, sino con una determinación gélida, como si lo estuviera marcando, eligiendo o configurando para llevar un mensaje que las palabras no podían transmitir.
—Tu padre adoptivo piensa que esto es una broma, un asunto menor, algo que una tarjeta negra puede resolver —La voz de Jaden era firme y ronca, como la sentencia de un rey sobre un traidor—. Es hora de que le mue