En algún lugar profundo entre las exuberantes colinas de Ravenmoor, lejos del ruido de la ciudad, se encontraba una antigua mansión: imponente, majestuosa y tranquila; pero dentro, nada estaba en silencio.
El suelo era de mármol, tan pulido que reflejaba la luz como si fuera vidrio. Dos guardias estaban junto a la entrada, inmóviles. En el interior, una escalera de caracol serpenteaba hacia arriba, mientras que las paredes estaban decoradas con armas antiguas, artefactos empapados de sangre y c