La tensión invadió el salón una vez más, mientras las risas burlonas hacían eco y cien miradas se clavaban en Jaden, como si él fuera el villano de una gran obra de teatro.
La sonrisa de Stanwell se había vuelto más siniestra. Él se acercó un paso más a Jaden, imponente.
—¿Cómo te atreves a decir que mi regalo de cincuenta millones de dólares es falso? —preguntó Stanwell de nuevo, con una voz aguda y fría.
Jaden ni siquiera parpadeó, solo respondió: —Porque lo es.
Un suspiro colectivo recorr