Capítulo 52
Hannah gritó cuando los guardias la arrastraron hacia una oscura habitación, mientras sus puños golpeaban en vano sus espaldas.

—¡Déjenme ir! ¡Por favor! —gritó.

—Si no quieres latimarte, deja de ser terca —murmuró fríamente uno de los hombres mientras la levantaba más alto sobre su hombro.

Un momento después, entraron en una gran sala con poca luz. Donde el aire estaba lleno del humo de puros y del olor de perfumes caros. Dentro, había guardias armados que se erguían como estatuas en cada esquina, mientras que los focos iluminaban el gran escenario que había en el centro del salón, con un alto poste plateado que relucía bajo las luces.

Aquella no era una habitación común, sino una sala de subastas.

Luego, la arrojaron al pie del escenario como si fuera un saco de papas, le torcieron las muñecas y las ataron fuertemente detrás del poste, obligándola a mantenerse de pie. Ella se resistió, pero sus ojos estaban desorbitados por el terror, mientras que su vestido de seda rojo se
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