Rafael temblaba donde estaba sentado, rodeado de los restos rotos de su antiguo trono, del cual una vez estuvo orgulloso. La sangre le salía por la nariz, tenía el labio partido y uno de sus ojos ya se estaba hinchando.
Jaden se quedó quieto, con el pecho agitado y una expresión tranquila, pero despiadada.
El orgullo de Rafael se rompió como el cristal, por lo que se arrodilló suplicante ante las botas de Jaden, mientras rogaba con la voz quebrada.
—Por favor... por favor, no me mates. Te dar