—¿Qué pasa, Baron? Tenemos a las chicas. Envíame el dinero.
Rafael se recostó en su asiento, el humo del puro se enroscaba alrededor de su rostro tatuado mostrando una sonrisa siniestra.
Baron temblaba y el sudor le empapaba el cuello. El teléfono estaba en altavoz y todos en la habitación podían escucharlo. Jaden estaba de pie en silencio a su lado, con los ojos fijos en el teléfono como un depredador que espera el momento de atacar.
—Deja la misión —balbuceó Baron, con voz temblorosa—. Li