Jaden apretó los dientes, el viento cortaba su rostro mientras Drax se abría paso por el tráfico como si estuviera poseído. El motor de su carro negro mate rugía y las ruedas chirriaban sobre el asfalto mientras se lanzaba por la carretera.
—¿Conoces el lugar? —preguntó Jaden, con los ojos fijos hacia adelante como un halcón persiguiendo a su presa.
—Sí, jefe. El Club del Diablo. Quedan solo unas manzanas —Los dedos de Drax se apretaron en el volante—. Llegaremos en diez minutos.
—No puedo es