—¡Cómo te atreves a golpear a mi hijo, maldita vieja! ¡Te voy a partir la cara!
La voz de la señora Krane retumbó en el salón como una bomba en una biblioteca. Su cara se contrajo en una mueca de furia y sus muñecas gruesas temblaban mientras avanzaba hacia Selena con la mano alzada, lista para el golpe.
Selena retrocedió, levantando los brazos a medias, no tanto por miedo como por la sorpresa.
—¡Espere! Se está equivocando, déjeme expli...
Pero razonar con una mujer como la señora Krane era cas