Alex Rivers expulsó una fina columna de humo mientras pasaba el brazo sobre el hombro de Danny con una familiaridad engañosa. El peso de su mano se sentía más como una correa que como una palmada amistosa.
—Eres un buen muchacho —dijo con esa voz dominante, capaz de convencer a una multitud o de silenciarla—. Si algún día quieres tener éxito en los negocios, solo menciona mi nombre. Tal vez te tire un hueso.
Danny casi se tropezó con sus propios pies, sonriendo como un idiota.
—¡S-Sí, señor Rive