Fate lo localizó al otro lado del majestuoso salón de baile. Estaba sentado en un sofá de terciopelo, con una copa de vino tinto en la mano y una mirada tranquila, aunque indescifrable.
“Por fin”.
Cruzó la pista con rapidez, mientras el dobladillo de su vestido de seda ondeaba tras ella como un estandarte real. Al llegar junto a él, su sonrisa se ensanchó.
—Jaden... por fin te encuentro.
Su voz sonó suave, ansiosa, con un matiz que solo él podría interpretar.
Jaden le dedicó una mirada pausada.