El estruendo de las excavadoras de demolición resonó por todo el espacio abierto; los motores rugían como bestias recién liberadas de sus jaulas. Los faros proyectaban haces de luz amenazantes que cortaban el polvo en suspensión, mientras las garras hidráulicas se flexionaban, listas para destrozar el acero y el concreto.
Los ojos de Brown se abrieron desmesuradamente, presas del terror. Las piernas le fallaron y su mente sufrió un cortocircuito cuando la realidad lo golpeó como una aplanadora.