Los escombros aún humeaban a la distancia; los restos de lo que alguna vez fue el preciado hotel de los Thornfell no eran más que metal retorcido y polvo asfixiante.
Las sirenas aullaban débilmente a varias cuadras de distancia, demasiado tarde para salvar algo. Jaden se volteó con lentitud, posando sus ojos de nuevo sobre la patética figura desparramada en el suelo: Brown, respirando con dificultad, bañado en sudor, con su traje, antes lujoso, ahora manchado de tierra y humillación.
El pie de