Capítulo Ochenta. Corazón de Piedra y Luna.
El primer paso fue como caer.
Un abismo sin aire ni suelo, solo oscuridad pura y el sonido de sus propios latidos.
Pero cuando sus pies tocaron piedra nuevamente, el Santuario Lunar los recibió.
Era un templo excavado en la roca misma de la montaña, tan antiguo que nadie recordaba quién lo había construido. El aire olía a magia dormida, a musgo y piedra mojada.
Runas plateadas ardían en las paredes, pulsando al ritmo de los corazones que habían entrad