Capítulo Sesenta y Uno. Las marcas que no se ven
Kael notó el cambio antes siquiera de verla.
No eran sus pasos —seguían siendo suaves, medidos—, ni su voz, que apenas usó durante el desayuno. Era su olor. Su esencia. Algo sutil, salvaje… que no era para él.
El Rey Alfa se giró, con la taza en la mano aún caliente, y la miró. Lyra estaba junto a la ventana, hablando con Liam, que la abrazaba por la cintura. Parecía feliz. Y sin embargo…
Kael apretó la mandíbula.
—¿Dormiste bien? —preguntó, inte