Capítulo Cincuenta y Ocho. El ciclo se reinicia.
El amanecer llegó con un cielo de acero, sin una sola nube pero también sin sol. Parecía suspendido, como si el mundo contuviera el aliento.
En la sala del trono, Kael hablaba con uno de los centinelas cuando Rowan entró sin anunciarse.
Ambos se miraron. El silencio fue inmediato.
—Hermano —dijo Kael, con tono diplomático, aunque su mandíbula se tensó.
—Alfa —respondió Rowan, sin rastro de burla, pero tampoco de reverencia.
Los centinelas se ret