Capítulo treinta y cuatro. El despertar de un gran poder.
La noche pesaba como un manto húmedo sobre el castillo. Aunque todo parecía dormir, el aire tenía una tensión eléctrica. Como si las paredes mismas contuvieran un secreto que estaba a punto de romperse.
Kael no podía conciliar el sueño.
Recorrió los pasillos sin rumbo, evitando a propósito el ala donde descansaban Lyra y el niño. Había algo en ella que lo arrastraba sin tregua, y eso lo enfurecía. Porque no podía controlarlo. Porque no l