Capítulo treinta y dos. Solo veo a Serena
El día no terminaba de decidir si quería ser soleado o tormentoso. Nubes pesadas cruzaban el cielo como presagios, mientras el castillo vibraba con una tensión invisible. No era solo lo que se decía a puertas cerradas… era lo que no se decía. Lo que se miraba en silencio. Lo que comenzaba a sentirse entre los muros.
En el jardín trasero, Lyra caminaba con Liam de la mano. El niño quería mostrarle un nido que había descubierto entre los arbustos, pero el