Capítulo veinticinco: Bajo la misma luna
La noche en el castillo se espesaba como un velo húmedo. Tras la tormenta, los pasillos habían quedado en silencio, con los ecos del viento aullando aún entre los ventanales. Pero no todos dormían.
Lyra se había quedado al borde de la cama de Liam, vencida por el agotamiento. Rowan, sentado en una butaca junto a la ventana, no había cerrado los ojos. A la luz tenue de las velas, su mirada vigilante se posaba una y otra vez en la respiración entrecortada