Capítulo veinticuatro: Heridas abiertas
La sala estaba en silencio, salvo por los sollozos ahogados de Lyra.
Liam descansaba en una cama improvisada, el rostro bañado en sudor, la frente vendada con cuidado por Ewan. Dormía profundamente bajo el efecto de un sedante herbal que Morgana había dejado en secreto, entre sus frascos escondidos. A su alrededor, el mundo parecía suspendido.
Kael estaba de pie junto a él, la mandíbula tensa. No podía apartar la mirada del niño. Cada vez que lo hacía, se