Capítulo veintiséis: Las cosas que no digo
El amanecer llegó sin aviso, arrastrando el cielo gris como si supiera que la calma era una mentira.
Rowan no había dormido. Caminó hasta lo alto de la torre este, donde el aire era más frío, más puro. Desde allí, el castillo parecía una fortaleza muda en medio del bosque. Inexpugnable, sí… pero no para los fantasmas.
El suyo tenía nombre. Y dormía dos pisos más abajo, con un niño entre los brazos… y con Kael demasiado cerca.
Rowan apoyó las manos en l