Maximiliano extendió los dedos y pellizcó la mejilla suave de la niña. Le resultaba extrañamente blanda, como el algodón de azúcar, pero la sensación le provocaba una irritación indeseada. —El hijo de Fernando... se parece muchísimo a él —susurró con una voz ligera y escalofriante.
Alisson, que normalmente era una bebé dulce y sociable, se sentía visiblemente inquieta en los brazos de este extraño.
¡Golpe!
La bofetada de la manita de la bebé resonó en el silencioso despacho de la torre Hunt. El