Lucía no se atrevió a dejar que sus pensamientos se desbocaran más. Mientras tanto, calle abajo, oculta tras el toldo de un quiosco de periódicos frente al Hotel Highland, una mujer observaba con una expresión retorcida, medio cubierta por gafas oscuras y un sombrero de ala ancha.
—¿Por qué? ¿Por qué siempre tiene tanta suerte? —masculló Nadine.
Sus uñas se clavaron en sus palmas hasta sangrar, pero el veneno en sus ojos era más doloroso. Todo estaba preparado: la droga debía haber dejado a Luc