Fernando exhaló profundamente, intentando suavizar su voz, una que usualmente solo conocía de órdenes y frialdad. —Ven a casa conmigo.
Lucía lo miró incrédula. Ella lo había estado provocando deliberadamente, esperando que él estallara en cólera, firmara los papeles del divorcio y la borrara de su vida para siempre. Pero esto... esto no estaba en sus planes. Abrazó a Alisson con más fuerza, como si el pecho de su hija fuera un escudo.
—¿Volver a qué? —espetó ella con desprecio—. ¿A las burlas d