Lucía yacía aturdida, con los párpados pesados como el plomo, luchando por abrirlos en medio de la cacofonía de murmullos que resonaban por todo el edificio de Valladares Corp. Su cuerpo se sentía como una losa; levantar la cabeza era un reto insuperable. La mirada de Fernando se posó en su figura frágil y desplomada, y por un instante, la gélida coraza que siempre lo cubría se agrietó.
¿Cómo se había desembocado todo en este caos? Su atención se centró bruscamente en Zane, quien evitaba su esc