—El señor Valladares llegará en breve. Por favor, espere un momento, señora Méndez.
Zane hizo una seña para que alguien le trajera un vaso de agua antes de salir, dejando a Lucía sola en la imponente oficina. Su mirada se desvió hacia el gran sillón ejecutivo, ahora vacío. Recordaba cómo Fernando siempre se sentaba allí, manejando los hilos de Tegucigalpa con un control absoluto. Había pasado incontables horas frente a él como su abogada principal, pero jamás, ni una sola vez, había estado en e