Lucía logró llegar a la habitación donde se encontraba Carlos. Era una habitación doble, pero por el momento, él era su único ocupante. Yacía allí, débil y pálido, con un tubo de oxígeno bajo la nariz. El único sonido era el silbido constante de la máquina que le ayudaba a respirar.
Ella se acercó de puntillas y se sentó en la cama vacía frente a él. Contempló su cuerpo inconsciente mientras la culpa la abrumaba como una marea alta. Si él no hubiera intervenido para ayudarla, no habría terminad