Un dolor sordo tiró del pecho de Lucía. En ese momento, su teléfono vibró con un nuevo mensaje del casero: "¿Ya has decidido cuándo visitar el apartamento?". Ella lo agarró con fuerza; sin dinero ni opciones, se obligó a escribir una excusa educada para declinar.
Miró a la multitud con ojos llenos de confusión. ¿Adónde se suponía que irían? Caminó sin rumbo hasta detenerse frente a una pared tapizada con anuncios de préstamos. Al levantar la vista, se dio cuenta de que el edificio pertenecía a