Incluso bajo la mirada gélida de Maximiliano, Carlos permaneció tranquilo, esperando en silencio la respuesta de Lucía. Ella miró a Alisson en sus brazos, sintiéndose desgarrada, pero la urgencia de un techo pudo más que su orgullo.
—De acuerdo. Gracias —dijo con firmeza, cortando el intento de Maximiliano de intervenir con una sonrisa de puro agradecimiento para Carlos. Al instante, un rubor rosado tiñó las mejillas del joven abogado.
Lucía no pudo evitar una pequeña risa. Aunque ahora era un