El corazón de Lucía se encogió mientras corría para arrebatar a Alisson de los brazos de aquella desconocida. La joven le dedicó una sonrisa falsamente dulce que le heló la sangre.
—¿No dijiste que te ibas? —soltó la chica con un descaro que no tenía minutos antes—. Solo estoy ayudando a que todo avance más rápido.
Lucía la miró en estado de shock. Aquella niña que parecía tímida e inofensiva se había transformado en una extraña calculadora. “¡Bien!”, pensó Lucía con una risa cargada de furia e