Lucía dudó por un instante, sintiendo el peso de la responsabilidad sobre sus hombros, pero recordando que el refrigerador estaba vacío y que también necesitaba cocinar algo nutritivo para recuperar fuerzas, asintió con una leve sonrisa. —De acuerdo, Carlos. Vamos —respondió mientras acomodaba la manta de la pequeña Alisson, quien bebía su leche con una paz envidiable.
Al poco tiempo, ambos caminaban por el colorido mercado de agricultores de Valle de Ángeles. Los gritos entusiastas de los vende